FICX 2011: El último de Cienfuegos

por Sergio Valbuena

posterLa 49 edición del Festival Internacional de Cine de Gijón (FICX) pasará a la historia como la última que dirigió José Luís Cienfuegos, y lo hizo sin saberlo o al menos sin la certeza de ello. El pasado 11 de enero se decidía su destitución para "darle un toque astur" e "impulsar" el festival. Caprichoso, gratuito e injusto. Así se las gasta el nuevo gobierno local y también regional de Foro Asturias. Se cargaron el Niemeyer en Avilés, debilitaron la RTPA y ahora se ventilan al equipo del FICX. ¿Lo siguiente? La Semana Negra de Gijón debe de tener ya las barbas en remojo.

El nuevo equipo del FICX lo lidera el polifacético Nacho Carballo, al que hay que desear suerte en esta nueva andadura y al que le regalan el caramelo de dirigir un festival hecho, que pasó de ser un festival de provincias y que los gijoneses desconocían a ser un festival de carácter internacional, etiquetado como el Sundance español y que había multiplicado por siete su afluencia a las salas habiendo apostado por un cine personal y de autor, huyendo de las alfombras rojas y del vacío. No queda otra que agradecer a su anterior equipo los dieciséis años maravillosos que nos han hecho pasar y reconocerles el trabajo realizado. Gijón te podía gustar o no, pero Gijón tenía un sello. Se lo había ganado.

Para la edición del 2011 los problemas sociales y económicos que nos acechan en el mundo han sido reflejados en una sección oficial rica en eclecticismo y que, siendo la última de este equipo, ha sido de las mejores de los últimos años.

Las premiadas

Curiosamente, y sin que sirva de precedente, me imagino, este año el jurado ha premiado en mayor medida a las mejores películas del certamen, evitando dar esa visión única que parecen tener los jurados a la hora de conceder galardones (véase San Sebastian este año). Asím el premio a la mejor película ha sido ex a quo para los films Declaración de guerra (La guerre est déclarée,Valérie Donzelli, Francia 2011) y El estudiante (Santiago Mitre, Argentina 2011).

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La primera es una película positiva que gira en torno a un tema negativo, una joven pareja parisina adicta a las fiestas y a la vida social ve como su vida cambia cuando a su hijo de apenas año y medio se le diagnostica un tumor maligno. Es a partir de aquí cuando la película trata un tema tan cruel y duro con un positivismo inaudito. No cae en recursos fáciles y no se apoya en discursos morales. En ese momento empieza una guerra y, como tal, sus padres van aleccionando a sus familias para ganar esa batalla, cueste lo que cueste y caiga quien caiga. Precisamente la propia directora es quien protagoniza el film y, junto a su pareja protagonista Jeremie Elkain, se han llevado los premios a las mejores interpretaciones. La película ya ha empezado la carrera por los Oscars, ya que Francia la ha seleccionado para competir como mejor película de habla no inglesa.

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La otra gran triunfadora del FICX 2011 ha sido El estudiante, que además de compartir el premio a mejor película se ha llevado el premio del jurado joven y el premio al mejor guion. En la universidad pública de Buenos Aires es tiempo de elecciones y las ansias de poder son muy grandes, tengas la ideología que tengas. Bajo el prisma de su protagonista, un treintañero que acude por tercera vez a la universidad y al que por cierto no se le ve tocar un libro en toda la película, van sucediéndose personajes de toda índole social y económica donde las traiciones y las mentiras están a la orden del día. La gracia de la historia se consigue en la extrapolación que se puede hacer a la del mundo empresarial, político o en general comunitario, en el que podemos apreciar cómo las ideologías parecen desaparecer a medida que te acercas al poder.

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El premio a la mejor dirección ha recaído en Play (Ruben Östlund, Suecia 2011), película que se adentra en el universo de las diferencias sociales entre negros y blancos en Suecia, aunque el prisma que utiliza es el de niños en edad pre-adolescente. El resultado es un buen ejercicio de análisis, llevando al espectador sobre el alambre de los prejuicios raciales. El premio especial del jurado, por su parte, recayó en Take Shelter (Jeff Nichols, EE.UU. 2011), que abrió con éxito el festival con un genial Michael Shannon en el papel de un esquizofrénico al que asolan los miedos y las visiones, que le hacen tomar extrañas decisiones familiares. Próximamente en esta web podréis ver un especial sobre esta recomendable película que introduce elementos fantásticos y de terror en un film con estética indie.

Una mención especial del jurado se llevó la única película española de la sección oficial, Iceberg (2011), del salmantino Gabriel Velázquez. Su estilo poco convencional no acabó de gustar entre público y crítica, aunque su poética queda patente en un ejercicio de introspección adolescente poco habitual en nuestro cine.

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Cierran el palmarés de la sección oficial, por un lado, el premio Fipresci, que esta vez no ha sido para la más mala del festival, como suele ser habitual entre los comentarios de los críticos "especializados". Bueno, tampoco es que haya sido para tirar cohetes, pero Terri (Azazel Jacobs, 2011) tiene algo que le diferencia dentro del cine made in Sundance, y es que su trasfondo no es vacío, dejando atrás la historia de niño gordo que va en pijama a clase para ocuparse de un grupo de personas que se ayudan unas a otras, pero que en el fondo se sienten solas, como la rubia guapa del instituto, el niño punk o el propio director del centro, papel que interpreta John C. Reilly. Cerró el palmarés, dentro de la sección oficial, el premio a la dirección artística, que se fue para Fausto (Faust, Aleksander Sokurov, Rusia 2011), flamante y polémico León de Oro en Venecia.
Las olvidadas

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Se quedaron sin premio, y seguramente se hubiesen merecido algo, la suiza Vol Special (Fernand Melgar, 2011) y Un amour de jeunesse (Mia Hansen Love, Francia 2011). Vol Special es un documento que pone a los suizos en el candelero por su creciente apoyo a los partidos de extrema derecha que poco a poco van entrando en los gobiernos. Exhibido con polémica en Locarno y prohibido en centros públicos en Suiza, el film nos muestra hasta donde puede llegar la sinrazón humana y la falta de criterio. En el más prestigioso centro penitenciario modelo vemos como allí conviven unos presos muy particulares, ya que la mayoría, o por lo menos los que nos muestran, tienen como "delito" ser inmigrante sin papeles, y poco importa que lleven más de quince años en el país, tengan familia o, como el caso de alguno, el país al que le quieren repatriar no existía cuando el inmigrante llegó a Suiza. No es un tema fácil, y tampoco parece importar que la historia se muestre partidista, porque quizás si se buscara el equilibrio se perdería poder de denuncia, que es lo que realmente busca el film, mostrarnos como un país tan dulce, socialista y equilibrado como Suiza puede ser implacable con los derechos humanos.

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Un amour de jeunesse es la confirmación de que en Mia Hansen Love hay madera de directora, y que con apenas treinta años es un valor en alza dentro del cine francés. Una pareja de adolescentes pasea su amor por un París idílico, hasta que él decide irse en busca de sus sueños, dejando sola y desolada a la chica, que se refugia en el estudio y el trabajo para olvidarse de aquel duro golpe. Allí conoce a un apuesto profesor de arquitectura con el que rehace su corazón y su vida. Al poco, y como suele ser habitual en este tipo de triángulos, aparece de nuevo su antiguo amor sembrando la duda. Con una coherencia y una sinceridad impropia en este tipo de películas, Hansen Love resuelve con éxito una historia bonita a la que hubiésemos deseado algún premio en el palmarés.

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Un clásico del festival como es ya Bouli Lanners presentó su último trabajo, Los gigantes (Les géants, Bélgica, 2011), una historia acerca de dos hermanos en la casi adolescencia que se quedan solos en un pequeño núcleo rural; su madre allí les ha abandonado y no parece que, llamada tras llamada, ella piense regresar para buscarles. Allí se hacen amigos de otro niño al que las cosas tampoco le van muy bien con su familia, y en este triángulo reside la fuerza de la historia, apoyada en disparatadas historias rozando el surrealismo. Lo único que les queda es mirar hacia adelante y olvidarse de lo que les llevó a esa unión.


De gente perdida

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En Dark Horse (Todd Solondz, EE.UU. 2011), un treintañero niño de papá hace reflexión interna y se da cuenta de que todo lo que posee o todo lo que le rodea es producto de su entorno y de la empresa familiar que le dio trabajo y buena vida. Pese a todo, se siente solo, como el caballo perdedor al que su padre nunca pareció haber apostado. Lo que empieza como una historia prometedora poco a poco se diluye en un vacío al que el director no parece dar salida, y ni siquiera su magnífico elenco, con Chistopher Walken, Selma Blair o Mia Farrow, consigue salvar el esperado último trabajo de un director al que Gijón ya homenajeó en 2006. Una pena.

De seres perdidos también trata El futuro (The Future, Miranda July, EE.UU. 2011), que abarca los problemas de una pareja de treintañeros que lo dejan todo cuando se disponen a adoptar a un gato que precisamente es el narrador en off de la película. El film ofrece un discurso narrativo diferente, y la historia deja de interesar a medida que avanza. Con una querencia clara hacia personajes automarginales dentro de una sociedad excluyente nos pretende engañar, llevándonos a un terreno favorable para contar la historia. Precisamente todo lo contrario que Dark Horse, que habla de marginalidad real en un ambiente opulento, aquí ocurre una situación inversa en la que se apoya para poder desarrollar una historia. Decir que la prestigiosa publicación New Yorker la acaba de elegir como mejor film de 2011. Ver para no creer. En definitiva, The Future simula más profundidad de la que realmente tiene.

 

Cine con riesgo

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La cinta polémica de la sección oficial nos llegó con Michael (Markus Schleinzer, Austria, 2011), presente en la sección oficial de Cannes y recientemente candidata a mejor debut en los premios del cine europeo. La historia relata la convivencia de un hombre de mediana edad con un niño al que tiene encerrado en el sótano y del que abusa sexualmente. No nos engañemos, la historia no es ni fácil de ver ni fácil de entender. Lo que la hace diferente es su manera de enfocarla, sólo centrada en el pederasta, del que nos va metiendo en su vida sin explicar nada del por qué hace lo que hace, sino que deja al espectador la posibilidad de pensamiento acerca de tal atroz situación. De la familia del niño ni una imagen, de lo que pudieran estar sufriendo no nos muestra nada, de ser así estaríamos ante un telefilme de domingo por la tarde. No llega a la maestría de Haneke, con el que es habitual verle trabajar, pero sí es verdad que la historia, una vez traspasada su frialdad, no deja indiferente.


Más cine USA

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En 2004 un director novel deslumbró en Gijón con un documental sobre su vida, en el que mostraba imágenes caseras grabadas. Tarnation (Jonathan Caouette, EE.UU. 2004) mostraba una manera diferente de relatar una historia a la que posteriormente se le daba sentido, era un puzzle al que el director otorgaba forma. Siete años más tarde, el mismo director presentaba la que podría denominarse la segunda parte de aquella historia, Walk Away Renee (EE.UU. 2011), aunque esta vez centrada en los problemas mentales de su madre, con la que vive un auténtico calvario en torno a medicamentos, traslados, rehabilitaciones y posteriores recaídas. Detrás de esa manera de grabar, próxima a los videoclips, se esconde una tierna historia de amor entre un hijo y su madre.

The Forgiveness of Blood (Joshua Marston, EE.UU. 2011) se presentó en Gijón después de haberse llevado el premio al mejor guión en la Berlinale. Siete años después de haber debutado con el film María llena eres de gracia (Joshua Marston, Colombia 2004), que le llevó a recorrer medio mundo recogiendo premios y palmaditas, ahora nos presenta un film sobre familias enfrentadas en un ambiente frío y una violencia latente. El film es sincero, transmite y te hace recorrer la historia sin caer en el tedio.

 


La France

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Este año la dosis de cine francés ha sido irregular. Si bien la antes mencionada Un amour de jeunesse se salva de la criba hay otras dos que no consiguen salvarse. Una es Hors Satan (Bruno Dumont, Francia, 2011), una historia densa y tediosa sobre un extraño hombre que habita en la naturaleza y que se alimenta gracias a la comida que le proporciona una extraña lugareña que vive con su madre. Algo nos hace pensar que el diablo está cerca, y parece que sólo este extraño personaje parece preparado para ese momento, ya que los habitantes de la zona le buscan como al salvador. La historia es de una belleza natural innegable e indiscutible, y la bruma en la que se mueve consigue transmitir, pero el resultado es engañoso por lo poco que cuenta y lo mucho que pretende.

Pero aún así está un peldaño por encima de Low Life (Nicolas Klotz, Francia, 2011), una fallida visión de los movimientos sociales surgidos a raíz del 15-M que nos muestra durante una hora a pedantes niñatos franceses cuya subsistencia paterna les hace fuertes contra un sistema contra el se rebelan pero del que son partícipes. Con una mano dan pero con la otra reciben del mismo. Solo el final, con una historia de amor entre una de las chicas y un inmigrante ilegal al que pretenden ayudar, salva en parte una narración muy parcial de visión y muy vacía de contenido.

Fuera de competición

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Bien por unos motivos o bien por otros, este año hemos tenido hasta cuatro películas que no han entrado en competición, pero que sí han estado en la sección oficial. La que cerró el festival supuso el reencuentro de un director fetiche dentro del FICX. The Woman in the Fifth (Pawel Pawlikowski, Francia 2011) supuso la vuelta del director después de haber ganado en el año 2000 con Last Resort (esta rodada para el Reino Unido). En esta ocasión se apoya en la llegada a París de un escritor que se aloja en un mugriento hostal regentado por un hombre de negocios poco fiables. Viaja a la ciudad del amor para poder estar cerca de su hija, que vive allí con su ex esposa, de la que tiene una orden de alejamiento. Tal y como se plantea la historia podríamos pensar que todo esto va de malos tratos, pero no; el film habla de la esquizofrenia que sufre el escritor (papel que interpreta Ethan Hawke) y que explica los acontecimientos posteriores, el porqué se aloja en un Paris de segunda, el porqué llega a meterse en trabajos turbios y por qué cree revivir una historia de amor con una femme fatale. Todo mediante visitas prohibidas a su hija, que ve en su padre lo que el espectador no percibe; nada de lo que vemos es real y nace de la esquizofrenia del protagonista, y el director nos engaña para desarrollar una historia de la que sólo su ex mujer y su hija saben la verdad. Lo que empieza como algo prometedor acaba siendo un thriller fallido con algún que otro secundario sobrante.

 


Dos miradas sobre la prostitución

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Bertrand Bonello, uno de los homenajeados en esta edición del FICX, tuvo el honor de presentar en España su magnífica nueva obra. L'apollonide, House of Tolerance (Souvenirs de la maison close, Francia, 2011) es una densa historia sobre otras que se suceden en un prostíbulo de lujo, ambientada a comienzos del siglo XX. El resultado es un collage de sensaciones sobre lo que allí se vive, se siente y se sueña. Las mujeres allí encerradas como en una cárcel de lujo sueñan con la llegada del cliente que les dé lo que no tienen, la libertad. Se presentó con mucho éxito en la sección oficial de Cannes.

Otro de los homenajeados, Michael Glawogger, presentó Whore's Glory (Austria, 2011), un documental que muestra miradas diferentes sobre un mismo tema, la prostitución. Tres miradas en tres países, tres ambientes y tres religiones.

 


Homenaje y reivindicación

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El momento emotivo del festival se vivió con la proyección de This is not a film (In Film Nist, Jafar Panahi, Irán, 2011), una reivindicación del festival sobre la situación que vive el director en arresto domiciliario y sin poder salir de su país para mostrar su cine. Todo lo que ha vivido este hombre durante estos dos últimos años ya es motivo de película de denuncia sobre los regímenes dictatoriales islámicos y lo que te puede pasar por ser crítico con ellos. Durante todo este año se han sucedido los homenajes al director en todo tipo de festivales, desde Cannes, donde su silla no se ocupó durante el transcurso del festival, Karlovy Vary, Rotterdam o Berlín entre otros, hasta este de Gijón, donde se le colocó en la sección oficial.

 


Rellumes, la otra "sección oficial"

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La otra gran noticia del festival ha sido sin duda la cada vez mejor acogida que va teniendo la sección oficial paralela, que naciera hace dos años con la idea de impulsar el festival, dándole otra mirada que complemente la sección oficial. Rellumes es juzgada por los propios espectadores, que emiten su voto a la salida de las proyecciones. Este año la ganadora ha sido Tomboy (Celine Sciamma, Francia, 2011), una historia de cambio de sexo y personalidad en una niña de diez años que, aprovechando que se muda de barrio, se hace pasar por un chico. Destacar dentro de la variedad existente este año en Rellumes la novedosa propuesta proveniente del Congo, Viva Riva! (Djo Munga, República del Congo, Francia, Bélgica 2011) sobre un mafioso de poca monta que, tras robar un cargamento de gasolina en el Zaire, llega a Kinshasa a vivir la vida, aunque las cosas no le van a ir como pensaba. Un film que haría gozar al mismo Tarantino por su alocada propuesta, su violencia realista y sus voluptuosas protagonistas.


Conclusiones

Como decíamos en la introducción, el festival tiene una presencia innegable, se sabe a qué se viene, se llenan las salas, la marca vende, y vende exhibiendo el cine que quieren sus programadores, lo cual es un mérito. Además, el cine no acaba con el certamen. A lo largo del año se proyectan películas y ciclos que el propio FICX se encarga de realizar en el centro municipal Gijón Sur. Son proyecciones de películas que triunfan en festivales o ciclos de directores afines a la temática del mismo.

Si hay buen cine y la gente va... ¿para qué cambiar?

 

Sergio Valbuena (Gijón, España)

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Cienfuegos forever!